La invasión de Cayo Confites en detalle


por Luis Puesan - publicado el 09/12/2009-01:54:16 PM

La historia de Cayo Confites es muy poco documentada, solo se habla que fue un intento de invasión de exiliados dominicanos e integrantes de otros nacionales apoyados por los gobiernos cubano, guatemalteco y venezolano, con el único propósito de derrocar la sangrienta dictadura del general Rafael L. Trujillo. Pero además hay muchos factores que contribuyeron a que el régimen dominicano no estuviera mucho mejor armado para enfrentar la invasión aunque esta fracaso de todas maneras. El mayor contribuidor a disminuir el poder militar dominicano durante los años de 1945 a 1947 fue Spruille Braden, quien en septiembre de 1945 se había convertido sub-secretario de estado para los Asuntos Inter-americano del Departamento de Estado del gobierno del presidente Truman. Su asistente, Ellis O. Briggs, era el director de la Oficina de Asuntos de las Republicas Americanas, fue embajador en la República Dominicana, y conocedor de la política sanguinaria de Trujillo. El gobierno de Trujillo tenía un control publico de las relaciones con Estados Unidos que solo 11 personas en todo el país sabían de la oposición de Braden y del Departamento de Estado a su gobierno.

El canciller dominicano, Manuel A. Peña Batlle, el 29 de noviembre de 1946, había mandado a llamar al embajador George Butler y al embajador británico para que estos hicieran saber que sabían sus gobiernos sobre un reporte de inteligencia que tenía el gobierno dominicano de una planeada invasión de exiliados dominicanos procedente de Cuba y Haití. Este reporte no era verdad, era una estratagema del gobierno dominicano para justificar el encarcelamiento de opositores al régimen que se habían contactado con ambos embajadores y para atacar públicamente a los gobiernos de Rómulo Betancourt de Venezuela y Ramón Grau San Martín de Cuba, quienes ya se habían manifestados su oposición a la política interna dominicana. Pero a final de diciembre de 1946, Braden comenzó a perder su influencia en la administración Truman. El régimen de Trujillo se valió de usar su influencia con senadores republicanos y sobre todo con los militares norteamericanos que lo apoyaban incondicionalmente. 

Los Dominicanos en el exilio en Cuba  y el nacimiento del PRD

Para 1947 en Cuba residía la mayoría de los exiliados dominicanos que habían escapado de una u otra forma del régimen de Trujillo. Estos comenzaron a llegar desde el mismo 1930 cuando Trujillo comienza a mandar a asesinar a sus opositores. Muy poco dominicanos querían quedarse viviendo en Cuba, la gran mayoría de ellos querían volver a su país. El 21 de enero de 1939, se fundó el Partido Revolucionario Dominicano en una reunión de dominicanos en la casa del doctor Virgilio Mainardi Reyna, un abogado dominicano que ejercía en La Habana. Este había organizado la primera expedición de exiliados dominicanos en Mariel en 1934, pero dicha invasión había fracasado desde sus comienzos y no gozó del apoyo necesario para realizarse.

Entre los fundadores del PRD estaban profesor dominicano Juan Bosch, el doctor Juan Isidro Jiménez Grullón,  doctor Enrique Cotubanáma (Cutu) Henríquez y Ángel Miolán. Bosch, un afamado escritor dominicano, había sido encarcelado por oponerse al régimen de Trujillo en 1934 y tomó el exilio en 1937. Jiménez Grullón, un médico de profesión y nieto del ex presidente Jiménez fue expulsado por el régimen por supuestas actividades comunistas en 1937. Cotubanáma Henríquez, otro médico dominicano con raíces en Cuba y República Dominicana, y autor de la doctrina del PRD modelada en la izquierda democrática latino americana y el partido Auténtico cubano. Ángel Miolán fue unos de los jóvenes cibaeños que formó parte de un atentado para matar a Trujillo en 1934 y escapó a Cuba. A pesar de todo, como es natural con el carácter dominicano, el PRD falló en unificar el exilio dominicano por la rivalidad políticas existentes entre Jiménez Grullón y Bosch. Pero esto no impidió que el PRD estableciera secciones en otros países del hemisferio donde existían comunidades de exiliados dominicanos, siendo Cuba la sede del PRD.

El primer congreso del PRD fue realizado entre el 29 de marzo al 7 de abril de 1943. En el cual, el PRD bajo las presiones política de primer gobierno de Fulgencio Batista (octubre de 1940 a octubre de 1944),  es forzado a cambiar de nombre a Unión Dominicana Antifascista Democrática (UDAD), condenaba el caudillismo pero abogaba por el derrocamiento de Trujillo después de terminar la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los dominicanos asistentes al primer congreso del PRD terminaron alistandose en las filas de las fuerzas armadas norteamericanas para pelear contra Alemania Nazi. Durante la Segunda Guerra Mundial, el UDAD aunque era reconocida como la organización que representaba los dominicanos en el exilio, nunca alcanzó en unirlos debido a las rivalidades personales de sus dirigentes (hoy en día el PRD y casi todos los partidos políticos dominicanos todavía se caracteriza por estas rivalidades). Aunque todas las organizaciones dominicanas en Cuba tenían el mismo objetivo común de derrocar a Trujillo. Todas ellas querían retornar al país bajo una invasión armada y tomar la rienda del gobierno en forma violenta. Muy pocos querían hacer oposición a Trujillo por acciones de no violencia.

En 1944 se celebra otro congreso donde se crea el Frente Unido de la Liberación Dominicana, (FULD) siendo electo presidente del frente Juan Bosch. Jiménez Grullón decide retirarse de la organización al no ganar la presidencia. En este frente firma Ángel Morales por la Unión Patriótica Dominicana, Ramón de Lara por el Frente Democrático Dominicano, y José Ramón Kingsley por la Asociación Independiente para la Liberación Dominicana. Esta unión de entidades de exiliados dominicanos estaba unida en papel pero no se lleva a cabo una verdadera unión entre ellas por las ambiciones de sus dirigentes en acaparar el liderazgo entre ellos. La elección de Bosch como presidente del FULD se debió a que este tenía las influencias más elocuentes con el nuevo presidente cubano Ramón Grau San Martin (presidente cubano desde octubre de 1944 a octubre de 1948 quien había ganado las elecciones recientemente y perteneciente al partido Auténtico). Bosch participó directamente con las actividades del partido Auténtico y actividades organizadas por Manolo Castro (no tenía ninguna relación familiar con Fidel y Raúl Castro), quien era el presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios cubanos y líder de una banda de estudiantes armados del partido Auténtico, y fue nombrado director nacional de Deportes del gobierno de Grau. Desde su puesto Manolo Castro prometió ayudar a sus amigos dominicanos en conspirar contra Trujillo.

Juan Bosch en octubre de 1945, ya se había decidido por una invasión en contra de Trujillo después de este visitar al presidente venezolano Rómulo Betancourt durante la inauguración de este como presidente. Betancourt en lo personal opinaba que una invasión contra Trujillo tendría muy pocas posibilidades de triunfar, pero a pesar de eso, dio su apoyo incondicional de Venezuela a Bosch, aunque había persuadido a Bosch a tratar mejor un golpe de estado para tumbar a Trujillo.

En noviembre  de 1945 Juan Bosch viaja a entrevistarse con el presidente haitiano Elie Lescot. Lescot veía a Trujillo como un enemigo personal y contribuye con $25,000 dólares para la causa del FULD. Además Lescot enviaba a Bosch copias de los reportes de inteligencia haitianos donde indicaban las preocupaciones de Trujillo de una sublevación civil en contra de su gobierno. Los reportes de inteligencia haitianos enviados a Bosch también indicaba el nivel de la moral de los soldados dominicanos que estaba bien baja por los prolongados acuartelamientos que los militares dominicanos eran obligados, así como también el estado del armamento dominicano.

Atentado contra Trujillo en Febrero de 1946

Confiando en sus contactos internacionales y la colaboración de Viriato Fiallo, el líder clandestino de la oposición en el país a Trujillo, Bosch trató de organizar un golpe de estado en febrero de 1946. El golpe iba a comenzar con un atentado contra la vida de Trujillo entre el 24 de febrero al 8 de marzo. Este contaba con la colaboración de Jiménez Grullón. El plan se había efectuado en Caracas, y consistía en emboscar a Trujillo en su habitual viaje nocturnos por la avenida George Washington cerca del monumento. Irónicamente, Trujillo fue asesinado 15 años mas tarde de esta forma, el 30 de mayo de 1961. El 25 de febrero, el embajador norteamericano en Caracas, George Scherer, envía un cable al Departamento de Estado sobre un plan de asesinar a Trujillo dentro de dos semanas.

El plan de asesinar a Trujillo nunca se llevo a materializarse. Los 4 hombres armados con ametralladoras Thompson estaban listos para eliminar a Trujillo el 27 de febrero pero muchos alegan que alguien había chivateado el complot desde la oficina de Braden al gobierno dominicano. Los organismos de seguridad del estado dominicano comenzaron a apresar a muchos miembros de la oposición desde el 26 de febrero y todo el mes de marzo; especialmente en la región del Cibao donde dos personas fueron asesinadas por militares y 40 apresados. También, el derrocamiento en enero de 1946 del presidente Lescot en Puerto Príncipe fue uno de los factores que el gobierno de Trujillo pudo darse cuenta que algo se estaba planeándose en su contra, pues los militares haitianos que dieron el golpe de estado tenían secretamente el patrocinio del propio Trujillo. Todas las indicaciones del complot para asesinar a Trujillo también apuntaban al general dominicano Juan Rodríguez García, quien el 1 de febrero de 1946 había escapado del país y quien había financiado secretamente toda la operación a espalda de Trujillo.

El general Juan Rodríguez García el benefactor de la Invasión

Rodríguez Gracia era un rico hacendado del Cibao, tenía unos de los ranchos ganaderos más ricos de La Vega y el segundo con más grande en todo el país, el primero como era de suponer pertenecía a Trujillo. Este ganó el titulo de general cuando comandaba las tropas de la revolución del 1912, pero para 1946, ya retirado trataba de no inmiscuirse mucho con Trujillo. Este había sido un fiel amigo político del régimen e incluso había organizado una demostración en su nativa cuidad de La Vega en apoyo a Trujillo contra Rómulo Betancourt. Pero Trujillo siempre mantenía el ojo abierto contra personalidades importantes como Rodríguez García.

Rodríguez García ya había decidido abandonar el país cuando agentes de Juan Bosch hacen contacto con él. Este había notificado a su amigo Viriato Fiallo de sus intenciones y dejaba las comunicaciones abiertas con este líder de la oposición clandestina en la República Dominicana. Rodríguez García llama personalmente a Trujillo para pedirle permiso en ir a Puerto Rico para tratamiento médico y transferir $250,000 dólares para comprar ganado nuevo ahí. Trujillo le concede el permiso para retirar el dinero y viajar. Ya en Puerto Rico, este se marcha a Cuba, y utiliza el dinero para comprar armas para la invasión. En octubre de 1946, Rodríguez García había transferido $500,000 dólares, y Trujillo comenzó a sospechar. Este envía al hijo de Rodríguez García, José Horacio, que le había negado al propio Trujillo que su padre estuviera haciendo nada malo; Trujillo obliga a este a ir a buscar a su padre al extranjero y traerlo con él. Pero José Horacio Rodríguez aprovecho la oportunidad para escapar del país. Puede ser que Rodríguez García transfirió más dinero desde el extranjero antes de ser descubierto por el régimen como desertor.

Los Planes de la Invasión

Para finales de 1946, los líderes del FULD ya estaban fraguando los planes de invasión a la República Dominicana y el eventual el derrocamiento de Trujillo. Ahora el movimiento contaba con el dinero del general Rodríguez García y los patrocinios de tres gobiernos enemigo del régimen dominicano, Cuba, Venezuela y Guatemala. La idea principal era una invasión por mar desde Cuba de unos 200 o 300 hombres armados, abrir un segundo frente de 100 a 200 insurgentes infiltrados desde Haití; hacer ataques aéreos desde Cuba contra los centros militares dominicanos como la Fortaleza Ozama, donde estaban alojada todas la artillería y vehículos militares, el aeropuerto internacional General Andrews, donde estaba alojado los pocos aviones militares; y la base naval de Sans Soucí, en el puerto de Ciudad Trujillo; a esto se unirían las actividades de sabotajes y guerrilla urbana organizada localmente por el Frente Interno, cuyo líder más notorio era Viriato Fiallo.

Tanto Bosch como Morales ambos esperaban convertirse en presidente y vicepresidente del país respectivamente, y Rodríguez García ejercería como comandante en jefe del Ejército dominicano. Rodríguez García fue nombrado por la dirigencia del FULD como Jefe Comandante del Ejército de Liberación Dominicano cuyo estado mayor estaba en el Hotel San Luis en La Habana. Este trabajo día y noche en crear el movimiento armado dominicano.  Este usando el apoyo de los gobiernos amigos del movimiento, organizó las unidades y el tipo de armamento necesario para llevar la invasión.

Juan Bosch con el dinero recibido del ex presidente Lescot organizó un servicio aéreo que encubría las operaciones del movimiento. Este fundó la empresa Aerovía Cubana Norte Americana (ACNA) con 3 aviones de carga Douglas DC-3, una avioneta Cessna y un avión AT-13. Estos aviones permitieron al movimiento de poder llevar a Cuba las armas excedentes de la Segunda Guerra Mundial compradas en los Estados Unidos y por supuesto con el apoyo de oficiales de aduanas cubanos.

Bosch empleó al piloto norteamericano Edward William Murphy, quien usaba un pequeño aeropuerto Santa Fe, Arizona para volar clandestinamente las armas compradas. Bosch también organizó a los miembros del PRD en la ciudad de New York que ayudaron a transportar las armas a Arizona. Uno de ellos era Nicolás Silfa, un dominicano militar veterano del Ejército norteamericano quien participó en la Segunda Guerra Mundial. Nicolás Silfa tenía un almacén en la calle 67 de la ciudad de New York donde guardaba bombas y altos explosivos durante 1946 y 1947 para la causa dominicana. Este tenía almacenadas ahí bombas de aviones de 1,000 y 500 libras. Silfa también estuvo involucrado en el viaje de dos de los navíos comprados por el movimiento a principio de 1947, y sus envios desde el puerto de New York con carga armas y hombres dominicanos todos veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Este transportaba las armas y explosivos en un camión con identificación falsa por las calles de New York. En junio de 1947, Silfa viaja a Cuba en el último embarque que envió.

El Armamento de la Invasión y la cooperación del gobierno cubano

El arsenal coleccionado por los exiliados dominicanos no tenía igual en la historia del Caribe. En agosto de 1947, el Ejército de Liberación de América estaba listo para hacer un asalto anfibio a la Republica Dominicana, llegó a contar con una flota de 7 buques, entre ellos había buques especializados en desembarco anfibios comprados en los Estados Unidos.

Además se disponía de 16 aviones, que incluía 6 cazas P-38 Lightning, 1 bombardero B-24 Liberator, 2 bombarderos B-25 Mitchell, 2 bombarderos Vega Venturas (una versión mejorada del bombardero B-14 Hudson), 1 avión de transporte de tropas y carga Curtiss C-46 Commando, dos aviones de transporte y carga Cessna C-78, y finalmente dos aviones de transporte y carga Douglas C-47D Skytrain. Los aviones estaban ubicados en Rancho Boyeros, y en el aeropuerto de Mariel. Se pretendió comprar 3 cazas North American P-51D Mustang, pero la compra nunca se llevo a cabo. Todas estos aviones eran más superiores que la actual aviación militar dominicana en ese entonces.

Esta fuerzas disponía de 2,000 hombres armados, apoyado logísticamente con equipos y armas que podía enfrentarse al Ejercito Nacional dominicano fácilmente en 1947, sobre todo había más de 500 de ellos que tenían experiencia de combate en la Segunda Guerra Mundial, mientras que el Ejercito dominicano la única experiencia que tenia era la represión y el abuso a los opositores del régimen y de haber asesinado a decenas de miles de haitianos en 1937. Originalmente los líderes dominicanos de la invasión no pretendían tener no más de 400 a 600 hombres y hacer una operación sorpresa.

Irónicamente, parte del armamento de los expedicionarios provenía del arsenal del Ejército argentino. Decimos irónicamente porque el general Perón era un amigo y simpatizante de Trujillo; también en esa época, Argentina y la República Dominicana eran los dos únicos países en el hemisferio que tenían problema de comprar armas directamente a los Estados Unidos por la oposición que tenían en el Departamento de Estado. Estas armas argentinas fueron compradas en su mayor parte por el presidente Juan José Arévalo Bermejo de Guatemala. También contribuyó el presidente Rómulo Betancourt. Estas armas eran unos 1,000 a 1,500 rifles Máuser argentinos, entre otros pertrechos militares que incluía hasta 3 morteros de 81mm, 300 bazookas, 2,000 granadas, 3 cañones anti tanques M1 de 37mm, equipos que llegaban desde generadores eléctricos, radios, hasta machetes.

Rodríguez García pudo acumular este arsenal y organizar el Ejército de Liberación por la complicidad y el conocimiento de los altos oficiales del gabinete y del propio presidente Grau. Los cubanos estaban deseosos de devolver la deuda que tenían al general Maximo Gomez, un militar dominicano que ayudó a la independencia de Cuba. El coordinador del presidente Grau para ayudar a Rodríguez García era José Alemán, el ministro de Educación, mano derecha del presidente.

Cabe también recordar que el gobierno de Grau, no era tan democrático como este pretendía ser fuera de Cuba; el gobierno de Grau se caracterizo por la corrupción y la aprobación ilícita de sus funcionarios de cuantiosa cantidades de millones de dólares de las arcas del estado cubano. Según reportes norteamericanos, Alemán uso 3 millones de dólares del Ministerio de Educación para financiar el Ejército de Liberación; además de proveer transportación de camiones, autobuses escolares y otras facilidades oficiales del gobierno cubano.

El ayudante de Alemán, Manolo Castro, director nacional de Deportes, era un pistolero como indicamos anteriormente. Este consiguió que cientos de jóvenes cubanos se enlistaran en la invasión contra Trujillo, usando instalaciones escolares para el reclutamiento. En marzo de 1948, después que terminara el gobierno de Grau, Manolo Castro fue acusado en ausencia en una corte federal norteamericana en Florida de exportador ilegal de armas. Los ayudantes de Manolo Castro era Miguel Ángel Ramírez, dominicano y el norteamericano Hollis B. Smith, un experto de explosivo veterano del Ejército norteamericano, ambos en 1948 fueron también acusados con Castro en Florida.

En 1946, Smith comenzó a trabajar con los exiliados dominicanos Silfa y Ramírez armando cohetes y bombas para los aviones comprados en los Estados Unidos y embarcarlos a Cuba; estas armas y otros pertrechos se guardaba en la finca, América, propiedad de Alemán. Alemán también fue el responsable de reclutar a Rolando Masferrer, un intelectual comunista de La Habana, quien fue expulsado del Partido Comunista Cubano en agosto de 1945. Masferrer había servido en la Brigada Internacional en la Guerra Civil española y editor de la revista semanal Tiempo en Cuba. Implicado también estaba Eufemio Fernández, el jefe de la Policía Secreta Nacional y el ministro de Trabajo, Carlos Prio Socarras.

El presidente Grau también tenía un oficial de enlace dentro de los expedicionarios, el capitán de navío Jorge Felipe Agostini quien también era jefe de la Guardia Presidencial. La participación de Agostini en la invasión indicaba que tan envuelta estaba la Marina de Guerra cubana en la misma. Los buques y aviones de la expedición desde un principio estaban estacionados en la Base Naval de Mariel, fuera de la juridición del Ejército cubano.

Armamento del Ejército Dominicano para mediados de 1947.

El Ejército Nacional dominicano contaba con apenas poco más de 5,000 hombres distribuidos en varios batallones de infantería, su aviación tenía 76 hombres  y la Marina de Guerra contaba con 137 hombres. La aviación militar dominicana no disponía de cazas, los aviones de combate disponible para mediados de 1947 eran 4 aviones AT-6C /D Texan armados recibidos en 1943 bajo el Programa de Arrendamiento y Préstamo de los Estados Unidos durante la  Segunda Guerra Mundial; de los cuales dos estaban en servicio activo constante que eran los aviones números 7 y el 17. Cabe de mencionar que los AT-6 Texan son aviones de entrenamiento, y las dos versiones disponibles por el Ejército dominicano en esa época tenían una sola ametralladora Browning calibre .30 en el fuselaje. Dos de los aviones no estaban totalmente armados y sus ametralladoras estaban almacenadas por razones que desconocemos.Como caza estos aviones no podían competir contra un caza como el P-38 usados por los expedicionarios.

El armamento del Ejercito Nacional dominicano era muy limitado para mediados de 1947. En 1943, los Estados Unidos habían enviado bajo el Programa de Arrendamiento y Préstamo un limitado número de arma y era el armamento más moderno que contaba el Ejército. El Batallón Mecanizado contaba con 4 carros blindados M2 Scout (versión 4x4, no semi-orugas) que remolcaban cada uno un cañón antitanque M1 de 37mm, el mismo tipo que poseían los exiliados. También contaba con dos tanques ligeros M3A1 Stuart armados con un cañón de 37mm (versión montada en vehículo del cañón antitanque M1), y dos ametralladoras Browning calibre .30, estos eran los únicos tanques que tenía el Ejército dominicano. Además, este batallón disponía de un vehículo blindado Citroën Schneider-Kegresse P16/M29, el cual fue comprado en 1935 sin la torreta armada que normalmente poseían esta clase de vehículo y era usualmente armado con una ametralladora Browning M1919. Este vehículo ya era una pieza de museo y todavía estaba activo a mediado 1947 (fue el primer blindado del Ejército dominicano y era conocido como la Puerquita). Este batallón estaba localizado en la Fortaleza Ozama en Ciudad Trujillo.

El rifle más común en el Ejercito dominicano era el rifle alemán Máuser Modelo 1908 de 7mm, comprados en 1924 del arsenal excedente alemán en Francia, seguido del fusil Krag Jorgensen Modelo 1898 calibre 30 (7mm), mas 4 otros modelos fusiles que incluía fusiles Enflieds, Mosquetón español de 7mm, y Springfield. Prácticamente estos rifles compartían casi la misma munición.

El armamento de apoyo de infantería estaba compuesto de diferentes tipos variados de ametralladoras que incluían 106 Browning M1919, 3 ametralladoras Lewis, varias docenas de fusiles automáticos BAR y 1 ametralladora Vickers.

La artillería era bastante precaria. Había una batería de 4 piezas de artillería de obuses franceses Schneider C18 de 105mm, estos obuses eran considerados obsoletos. En 1943 fueron recibidas 4 piezas de artillería de obuses norteamericano M101 de 105mm bajo el Programa de Arrendamiento, más 2 morteros Brandt M29 de 81mm. El resto de las piezas de artillería del ejército estaba inservible o sin municiones de lo anticuadas que eran.  Para la defensa antiaérea,  había 4 ametralladora pesadas italianas Breda de 20mm, todas tenían sus miras telescópicas inservibles y poco más de una docenas ametralladoras pesadas Browning M2 de calibre .50.

Los Rumores de Invasión eran de conocimiento en toda Cuba

Para junio de 1947, el Ejercito de Liberación de América atrajo demasiada atención y los rumores de la invasión era conocido por todos los círculos políticos en La Habana. El embajador dominicano en Cuba, Héctor Inchaustegui Cabral, confesó que no tuvo que valerse de espías para saber de los planes de invasión a la República Dominicana porque hasta los taxistas en La Habana sabían de la misma. También se público en la capital cubana un comunicado de madres de jóvenes cubanos donde les pedían al gobierno de impedir que sus hijos se enlistaran como voluntarios para luchar contra Trujillo.

Del 10 al 17 de julio de 1947, se completa los preparativos finales de la invasión. Rodríguez García, sus aliados cubanos y los líderes en el exilio dominicano se reúnen y forman el Comité Central Revolucionario Dominicano, una junta que serviría de gobierno provisional en la República Dominicano donde figuraban como miembros Ángel Morales, Juan Rodríguez García, Juan Bosch, Leovigildo Cuello, y Juan Jiménez Grullón. El presidente del comité era Ángel Morales y el ex general Rodríguez García como comandante en jefe del estado mayor del Ejército de  Liberación, con los dominicanos Alexis Liz y Luis Bordas como sub comandantes.

Durante todo el mes de julio, el ministro Alemán, Masferrer y Manolo Castro comenzaron a reclutar entre 1,200 a 1,300 voluntarios cubanos entre los elementos armados que existían en ese entonces en los partidos políticos cubanos; entre ellos había un joven universitario de 21 años de edad, Fidel Castro Ruiz.

El campos deportivos de la Escuela Politécnica de Holguín sirvió como campo de entrenamiento de los reclutas. El gobierno cubano costeaba la transportación y alojamiento de los reclutas.

El 23 de julio de 1947, el gobierno cubano recibe una protesta formal del ministro de relaciones exteriores dominicano, Arturo Despradel, donde el gobierno dominicano indicaba que estaba enterado de planes de invasión organizado por exiliados desde noviembre de 1946. La respuesta del canciller cubano, Rafael P. González Muñoz, fue que su gobierno iba a averiguar el asunto a fondo.

El canciller Despradel, al ver el poco interés de González Muñoz, decide instruir al embajador dominicano en la Naciones Unidas en llamar la atención del asunto ante el secretario general de la ONU, Trygve Lie e instruye al embajador dominicano en Washington, Julio Ortega Frier, hacer una queja ante el Departamento de Estado. El embajador dominicano le afirmó a sucesor de Braden, Norman Armour (subsecretario de Asuntos Interamericanos) que los Estados Unidos estaría afirmando su cooperación con elementos revolucionarios sí ese país no intervenía en parar la invasión desde Cuba. Para ese entonces el Departamento de Estado tenía conocimiento que varios mercaderes de armas norteamericanos habían suplidos los equipos utilizados por el Ejercito de Liberación de América y la conexión de comprar de pertrechos militares argentinos.

Retirada a Cayo Confites

El secretario de estado norteamericano, el general George Marshall, intervino personalmente a favor de Trujillo, invocando la Doctrina Truman con relación a impedir que fuerzas comunistas tomaran el poder en países aliados a los Estados Unidos. El Departamento de Estado envía al gobierno cubano un comunicado donde expresaba que los Estados Unidos veían con preocupación las acciones de Cuba que podía romper la paz existente en el hemisferio en apoyar la invasión de exiliados dominicanos.

El 28 de julio de 1947, ante la presión ejercida por Marshall, el presidente Grau ordena al Ejercito de Liberación evacuar sus actividades en Holguín y retirarse a Cayo Confites, una aislada isla fuera de la costa al este de Cuba para completar sus entrenamientos y terminar de organizar la invasión desde ahí. De esta forma el gobierno cubano quería evitar cualquier investigación de los Estados Unidos en el envolvimiento de Cuba en contra de Trujillo.

Cayo Confites es una isla tan pequeña que no aparecía en casi todos los mapas, solamente en aquellos con una detallada carta de navegación. Es un pedazo de tierra de 800 metros de largo por 200 metros de ancho en su punto más ancho, que apenas sobresale del Mar Caribe en la distancia. Los expedicionarios pronto se vieron atacado por el clima de la isla. No había abundante vegetación, y unas cuantas decenas de palmeras. La isla era el lugar más inhospitalario de Cuba. Debido a estas condiciones, los miembros de la expedición pronto se quedaron sin comida y agua. La Marina de Guerra cubana tenía que enviar barcos para abastecerlos. Aun así los expedicionarios seguían con los entrenamientos anfibios bajo estas condiciones.

La formación de los expedicionarios se habían divididos en 4 batallones, cada uno comandado por un teniente coronel. El Batallón Antonio Guiteras estaba al mando de Eufemio Fernández, un veterano de la Guerra Civil española. El Batallón Luperón al mando del hondureño Jeorge Rivas Montes, militar profesional. Batallón Máximo Gómez al mando de Diego Bordas, uno de los principales disidentes dominicanos en Puerto Rico, graduado en West Point, veterano oficial del Ejército norteamericano; y el Batallón Sandino a cargo de Rolando Masferrer. Luego algunos voluntarios dominicanos que llegaron forman un quinto batallón, pero no tan numeroso como los demás, el Batallón José María Cabral, bajo el mando de Miguel Ángel Ramírez, un dominicano que vivía en New York desde 1930 y ocupaba el cargo de vice cónsul dominicano en esa ciudad, ayudante de Silfa.

En agosto de 1947, los miembros del Ejército de Liberación estaban impacientes para ejecutar la invasión. La moral entre ellos comenzó a hundirse; los temperamentos comenzaron a caldearse y se crearon facciones entre ellos. Rolando Masferrer asumió un papel dictatorial en el liderazgo de los comandantes. Juan Bosch y Masferrer no eran amigos y uno desconfiaba del otro. Bosch llegó al extremo de aislarse en un extremo de la isla con tal de no ver a Masferrer. Tanto el comandante Molían y Ramírez tuvieron que ponerle una guardia constante para garantizar que Bosch no fuera asesinado por órdenes de Masferrer.

La desconfianza creció entre las facciones dominicanas y cubanas. Entre los dominicanos se rumoraba que algunos de los comandantes cubanos tenían anotados en mapas donde estaban ubicados los bancos y joyerías de Ciudad Trujillo. Algunos líderes dominicanos temían que sí se lograba derrocar a Trujillo, los cubanos iban a saquear la ciudad capital dominicana, ya que entre los cubanos había pistoleros de los partidos políticos cubanos, que eran una especie de crimen organizado al estilo Chicago.

Cuando el gobierno cubano decide enviar a Cayo Confites las fuerzas invasoras, al mismo tiempo intervino en la fecha provista de efectuarse la invasión. Esta había sido prevista para mediados de agosto ante de la Conferencia de Rio y la inauguración de Trujillo como presidente. Otro factor que contribuye al atrazo de la invasión fue la detención en primera semana de agosto del buque de desembarco LCI Patria en Baltimore, ya cuando este se disponía a zarpar a Cuba después de ser comprado. Este buque era una pieza clave de la operación, y sin este el movimiento no podía lanzar el asalto anfibio. El embajador cubano en los Estados Unidos y altos oficiales navales cubanos tratando de que las autoridades norteamericanas dejaran partir al buque Patria pero todos sus esfuerzos fueron en vano. El Departamento de Estado había sido informado de que el buque partiría a Cuba con explosivos y armas a bordo. En ese entonces el Departamento de Estado no tenía la misma política impuesta por Barden en contra de Trujillo; Barden apenas meses atrás había renunciado en junio, tanto su asistente Briggs como el embajador Butler en Ciudad Trujillo habían sido reemplazados; y el general Marshall era el nuevo Secretario de Estado, y veía la invasión como una amenaza comunista. La política norteamericana en contra de Trujillo cambio de la noche a la mañana. Marshall aprobó que el embargo de armas impuesto en contra de la República Dominicana fuese levantado.

Los Planes de la Invasión comienzan a desplomarse

Las presiones hechas por el gobierno de los Estados Unidos al presidente Grau para que la expedición abandonara Cuba fue solo una parte del fracaso de la invasión, pero también la política interna cubana tuvo mucho que ver con este fracaso. Este conflicto político cubano se agudizo el 23 de julio, cuando el jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional dominicano, el general Fausto Caamaño, tomó la libertad de comunicarse con su colega cubano y amigo personal, el general Genovevo Pérez Dámera. El general Caamaño directamente le informa que el Ejército dominicano sabe de los planes de invasión desde Cuba de los exiliados. Caamaño trató de hacerle ver a Pérez Dámera que la República Dominicana tomaría como un acto de agresión la actitud de complacencia del Ejército de Tierra de Cuba en cooperación con los enemigos del gobierno dominicano. El general cubano no tenía la más remota idea de los detalles de la invasión y solo había hecho a casos a rumores.

El general Pérez Dámera apoyaba al presidente Grau, pero desconfiaba de algunos de sus ministros, principal del ministro Alemán. El general Pérez Dámera en una reunión con el presidente cubano este le informa de la amenaza del jefe del Ejército dominicano. El ministro Alemán intervino en la conversación y su influencia era mucho mayor que el argumento presentado por el general. El general Pérez Dámera se sintió algo humillado por la reacción del presidente Grau porque no hizo caso de sus recomendaciones. El general había argumentado al presidente que la expedición debería dejar Cuba pronto o él personalmente iba a desmantelarla porque la misma estaba interfiriendo con la paz reinante entre naciones hermanas. Pero Pérez Dámera no podía intervenir directamente porque Cayo Confites estaba bajo la jurisdicción de la Marina cubana; tanto el presidente Grau y Alemán sabían que el general no podía o tenía la autoridad para cumplir su amenaza.  

El 23 de agosto, Pérez Dámera ordena la confiscación de un avión P-38 de la expedición que aterrizó por error en el Campamento Militar Columbia en La Habana.

Por otro lado, el embajador norteamericano en Cuba, Norweb, estaba alarmado con el gobierno cubano cuando este es informado que la Armada norteamericana había perdido todo contacto con los navíos de la invasión que estaban en Mariel. El embajador asumió que el presidente Grau había rotó su promesa de no asociar Cuba con la expedición. Todos los intentos del Departamento de Estado de comunicarse con la cancillería cubana para saber donde se encontraba la expedición fracasaron. El sub secretario de estado Robert Lovett estaba tan enojado que envió una queja al director de la nueva creada Agencia de Inteligencia (CIA), Roscoe Hillenkoetter. Pero la CIA no sabía nada de donde estaban los expedicionarios.

El 1 de agosto, el Secretario de Estado, general Marshall, envía un requerimiento al Secretario Nacional de Defensa, almirante James Forrestal, para que la Armada norteamericana comience a hacer un reconocimiento de Cuba para monitorear la posible localización de la expedición. La Armada norteamericana trató de rastrear los buques de la expedición usando lanchas rápidas torpederas localizadas en Guantánamo. Pero estas no pudieron dar con el paradero de los buques de la expedición porque no sabía dónde buscar. Los norteamericanos alármanos creían que la expedición ya había zarpado a la República Dominicana. Pero en realidad la expedición se dirigía a la dirección opuesta (a Cayo Confites) donde los norteamericanos no estaban buscando.

En la noche del 6 de agosto, Juan Bosch llamó a la casa de un oficial de la embajada norteamericana en La Habana para tratar de persuadir a que se libere el buque Patria como parte del éxito de la expedición. Se cree que Juan Bosch confesó los planes de la invasión a su amigo norteamericano, pero no se sabe con exactitud que sé habló en esa conversación. Las revelaciones de Bosch sean cierta o no, le dio a los Estados Unidos más razón para retener el buque en Baltimore.

Otro factor que contribuyó en el atraso de la invasión y en el fracaso de la misma era la preparación de los aviones de combate  que debían participar en la invasión. El estado de los aviones de la expedición no solamente requería de los pilotos sino también del personal de tierra capacitado para mantenerlos. Los norteamericanos llegaron a la conclusión que los expedicionarios podían usar los aviones de transportes que disponían como bombarderos, pero no usar los cazas P-38. Estos aviones requerían de un constante mantenimiento que no gozaban por la carencia del personal apropiado, por esta razón, los analistas militares norteamericanos descartaron que los aviones P-38 llegasen a ser usados.

El Descubrimiento de los EEUU de Cayo Confites

Los norteamericanos subieron de Cayo Confites no por reconocimiento aéreo sino a través del embajador británico de La Habana. Cuatro marinos británicos que servían a bordo del buque de desembarco LCT Aurora, el 6 de agosto abandonaron la expedición y tomaron refugio en la embajada británica (el 8 de agosto). Estos pedían ser repatriados a Inglaterra. Los marinos británicos confesaron ser parte de la expedición y donde esta se encontraba. El 11 de agosto, el embajador norteamericano Norweb recibe de la embajada británica la notificación de la ubicación de la expedición. Los marinos británicos confesaron ser virtualmente prisioneros de los expedicionarios y notificaron de los entrenamientos militares de estos considerados demasiado estrictos.

A partir del 12 de agosto, los aviones de reconocimiento norteamericanos basado en Guantánamo comenzaron hacer vuelos diarios sobre Cayo Confites. El 14 de agosto, Norweb envía a Washington fotos tomadas de los campamentos de los expedicionarios. La embajada norteamericana comenzó a vigilar los aviones P-38 de la expedición estacionados en el aeródromo de la ciudad de Mariel, aunque el gobierno cubano estaba enterado de esta constante vigilancia del aeródromo. Ya para el 23 de agosto, los norteamericanos sabían que los cazas P-38 de la expedición eran la principal causa que detenía a la invasión porque estos estaban carentes de manutención adecuada. También existía el problema de los pilotos, no había suficiente pilotos para volar los aviones. Manolo Castro y otros trataron de reclutar pilotos norteamericanos por $10,000 dólares ($5,000 dólares adelantado y la otra mitad se pagaría al final de la misión). Algunos de los pilotos norteamericanos que aceptaron el contracto pertenecían a los famosos Tigüeres Voladores pero se presume que eran pura exageraciones de estos. El mismo 23 de agosto, la embajada norteamericana también sabía que la mayoría de los pilotos norteamericanos contractados para volar los aviones estaban cansados de esperar y casi todos solían estar borrachos gastando su paga en mujeres y medidas en el Hotel Sevilla de Mariel. A partir de ese momento, la embajada norteamericana ya sabía que la expedición contra Trujillo iba a fracasar.

El Fracaso de la Invasión

El 20 de agosto, Trujillo personalmente envía una protesta al presidente Grau, denunciando la presencia de una brigada internacional en Cayo Confites para invadir la República Dominicana. Trujillo urgía a Grau en usar su influencia política y moral para terminar el conflicto, que sin dudas traería como consecuencia resultados se podían resolver fuera de orden diplomático. La respuesta de Grau, al día siguiente, fue calificada como calmada y al mismo sentía "la preocupación de las alegaciones dominicanas" pero esperaba que las relaciones bilaterales de amabas naciones no se vieran afectadas por este incidente. Trujillo estaba furioso con la repuesta e instruye a la cancillería dominicano a enviar un comunicado al gobierno norteamericano donde expresaba su preocupación que los integrantes de las fuerzas invasoras en Cuba estaba motivada por elementos comunistas y ex integrantes del Ejercito republicano español.

El 29 de agosto llega a Cayo Confites la embarcación de asalto de desembarque LCI 1006, nombrada Máximo Gómez. Este buque fue comprado el 25 de agosto en Elizabeth City, Carolina del Norte sin que las autoridades norteamericanas sospecharan que iba a ser integrado a la invasión. Los expedicionarios ya estaban preparando los últimos detalles de la invasión. Las fuentes de inteligencia norteamericana contemplaban que esta ocurría en la semana del 14 de septiembre. Una transmisión clandestina radial fue transmitida a la República Dominicana donde se alertaba a la población a estar vigilante y que su liberación de Trujillo ocurría pronto.

El 11 de septiembre, la goleta de la Marina de Guerra dominicana Angelita fue capturada vigilando Cayo Confites, y luego nombrada Maceo y convertida en un buque de carga de municiones.  

Para ese entonces, el presidente de Haití, Dumarsais Estime, había puesto la disposición de no intervenir con la invasión si esta usaba el territorio haitiano. Entre agosto 14 y septiembre 15, mas de 26 personas todos hombres con pasaporte cubanos habían llegado a Haití. El 10 de septiembre, Iván Ruiz, hermano del jefe de la Policía en La Habana, había llegado a Puerto Príncipe para coordinar la fecha y organizar un ataque a los puestos dominicanos en la frontera, cuando la invasión allá llegado a la República Dominicana. El 12 de septiembre, el doctor George Osawa, un espía al servicio de Trujillo, ciudadano norteamericano de origen japonés, informa de la presencia de los cubanos y expedicionarios en Puerto Príncipe. Este había sido reclutado por los expedicionarios y los dominicanos en el exilio para apoyo logísticos médicos. Osawa, contactó con Manuel Arturo Peña Battle, el embajador dominicano en Haití, notificándole de los planes de la invasión de abrir un frente haitiano.

Durante el 12 al 14 de septiembre una tormenta tropical azota Cayo Confites por tres días. La isla quedó totalmente inundada en el peor desastre natural que pasa sobre ella. Mucho de los pertrechos militares se dañaron. Esto retaso aun más los planes de zarpar.

El 15 de septiembre, los expedicionarios en la isla llegan a captar una transmisión radial de un enfrentamiento a tiros entre pistoleros de dos facciones políticas en el sector de Orfila en el barrio de Marianao en La Habana. Estos enfrentamientos entres las facciones políticas pusieron en peligro la paz ciudadana de la capital. Entre estas facciones había importantes personalidades que apoyaban la invasión. El presidente Grau ordena al Ejército cubano intervenir. El jefe del ejército, general Pérez Dámera, estaba en Washington en ese momento. Ahí el jefe del Ejército norteamericano, general James Wright, le había aconsejado a este en aprovechar la ocasión para poner fin a la invasión de Cayo Confites. El general cubano viajó de inmediato a La Habana a bordo de un avión militar norteamericano para asumir la intervención del Ejército en las batallas de tiroteos en las calles de la capital cubana. A su llegada a La Habana, el general Pérez Dámera cumpliendo literalmente las órdenes del presidente Grau de parar los tiroteos entre facciones armadas y confiscar todas las armas ilegales en Cuba. Este ordena el arresto del ministro Alemán junto a figuras políticas de la oposición y otros funcionarios implicados en los tiroteos.  El 20 de septiembre, el Ejército cubano ocupa la finca América propiedad de Alemán, donde confisca una gran cantidad de pertrecho militares destinado a Cayo Confites. El general Pérez Dámera usó este allanamiento para hacer creer que se trataba de una trama para derrocar al presidente Grau donde estaba envueltos funcionarios del gobiernos y otros conocidos cabecillas de Cayo Confites. Las Fuerzas Armadas cubanas emite varias órdenes de persona no grata a varios de los dominicanos líderes de la invasión dándoles 24 horas para salir de Cuba.

En Cayo Confites, Masferrer trata de mantener el orden bajo amenazas de terror. Pero el 22 de septiembre era evidente el arresto de Masferrer y otros líderes cubanos de la expedición. Este ordena a los expedicionarios abandonar la isla. Los expedicionarios quemaron casi todo el material y los campamentos. Los buques Aurora, Angelita, y Fantasma (Máximo Gómez) zarparon llegando a Cayo Santa María el 23 de septiembre pasando ahí  la noche. La Marina de Guerra cubana confiscó el buque Berta en Nuevitas el mismo 23 de septiembre.

El 25 de septiembre, los buques en Cayo Santa María fueron escoltados por dos fragatas y un guardacostas de la Marina cubana hasta alcanzar aguas internacionales.

El 26 de septiembres en el Fantasma hubo un motín, Masferrer dejó en un islote vacio de Las Bahamas aquellos que se opusieron a este y fueron desarmados. Masferrer estaba dispuesto de seguir con los planes de invasión dirigiéndose a Haití.

El 27 de septiembre el Angelita no pudo seguir el ritmo de los demás buques llegando al puerto cubano de Nuevitas. Los demás buques navegaron hasta Antillas, donde el 29 de septiembre los buques de la Marina de Guerra cubana lo estaban esperando desarmando a todos los expedicionarios. Uno de los expedicionarios capturado era Fidel Castro, este se lanzó de la borda de uno de los buques cerca de la Bahía de Nipe y nado hasta la playa. Los expedicionarios fueron llevados todos al Campo Columbia donde estaban presos.

La Conclusión

El 30 de septiembre el Comité Central Revolucionario Dominicano hace una proclama donde estos se comprometían en seguir la lucha contra Trujillo, aunque se sentía traicionados por las autoridades cubanas expresaban su profundo agradecimiento al pueblo cubano por el apoyo.

El 3 de octubre, el magistrado de la Corte Suprema cubana Evelio Tabio hizo un decreto donde ponía en libertad a los expedicionarios encarcelados en el Campo Columbia porque estos no constituían un peligro al orden constitucional de la República de Cuba. Los exiliados dominicanos veían al general Pérez Dámera como un judas, que traicionó la causa dominicana por dos millones de dólares pagado por el gobierno de Trujillo a este, supuestamente enviado por el general Caamaño. Las armas que quedaron disponibles de la invasión toda fueron confiscadas por las Fuerzas Armadas cubanas. La mayoría de los expedicionarios fueron acogidos en Guatemala por el presidente Arévalo, entre ellos los jefes militares dominicanos de la expedición, Rodríguez García y Ramírez.

Los líderes políticos del comité de los expedicionarios, Bosch y Miolán permanecieron en Cuba tratando de estabilizar el PRD que se había prácticamente desintegrado tras el fracaso de la invasión. Los dominicanos que vinieron desde los Estados Unidos y Puerto Rico pasaron mucho trabajo. Muchos de ellos, fueron ayudados por Bosch y el piloto norteamericano Edward Murphy a regresar clandestinamente a los Estados Unidos.

Los pilotos norteamericanos contractados para pilotear los aviones gastaron todos sus dinero en Cuba. Todos fueron repatriados por la embajada norteamericana tres días antes que las tropas cubanas entraran en el Hotel Sevilla para arrestarlos por conspiración. Los pilotos habían abordado un vuelo de Pan Am con destino a Miami con pasaportes norteamericanos falsos. La embajada norteamericana también extraditó a Hollis Smith quien si cayó prisionero, el 5 de octubre de 1947. La corte federal en Florida había puesto en arresto a Smith el 22 de febrero de 1948 junto a sus asociados el dominicano Ramírez, quien nunca se presentó y estaba en Guatemala, y Manolo Castro, quien murió antes de ese juicio en Cuba. Estos estaban acusados de enviar explosivos clandestinamente que estaban a bordo del Patria a Cuba el 16 de agosto de 1947.

La invasión fracasó por culpa de Manolo Castro quien estaba encargado de organizar la aviación pero falló en reconocer la urgencia de preparar los aviones debidamente y porque pensaba que Alemán podía controlar al general Pérez Dámera. Este pensaba que el general cubano le tenía miedo porque tenía una mayor influencia con el presidente. Otro de los errores fue que no se involucro al general Pérez Dámera en ninguno de los planes de la invasión, esto hirió profundamente el orgullo militar del general, es por esto que se puede explicar la forma que este disolvió el movimiento aprovechando una orden del presidente aunque el presidente Grau no sabía nada de los planes de Pérez Dámera hasta que el movimiento fue disuelto.

Los atrasos y otros factores internos también contribuyeron al fracaso de la invasión. Las divisiones entre los dominicanos y cubanos dentro de las filas de la expedición era otro factor que contribuye al fracaso de la invasión. La invasión comenzó con un modesto ataque sorpresa por los dominicanos compuestos por unos cuantos cientos de hombres armados diseñado con el elemento sorpresa y el plan fue transformado por los cubanos en un montaje publicitario donde se contemplaban la participación de miles de hombres y ataques aéreos espectaculares. Pero el episodio que puso fin a la invasión fue la batalla de tiros que hicieron las facciones políticas cubanas en el barrio Marianao en La Habana.


Fuentes Utilizadas: